Artículo de Sergio Arancibia publicado en la edición digital de
TAL CUAL el día 10 de abril de 2019.
Comentábamos en artículo anterior que el capítulo 03 del arancel
de aduanas – referido a pescados, crustáceos y moluscos – y el capítulo 22-
referido a bebidas y líquidos alcohólicos habían aumentado sus exportaciones en
forma sustantiva en el transcurso de los años que van el 2013 al 2017.
Pero hay otros capítulos que también lo han hecho y que merecen destacarse.
El capítulo 18 - cacao y sus preparaciones – pasó de 6.3 millones
de dólares en el año 2013, a 31 millones de dólares exportados en el año 2017.
De trata, indudablemente de un salto adelante importante, que involucra
aumentos de cantidad y de calidad en los procesos específicamente agrícolas y,
también, en los presos posteriores de manufacturación y de comercialización, en
un mercado internacional muy competido. En este bloque se ubica el envío de
cacao en grano, a países como Alemania, Estados Unidos, Japón o Países Bajos, y
el envío de chocolate a Estados Unidos, Chile, Japón y Ecuador.
En lo que respecta al capítulo 16 – preparaciones de carne,
pescados y crustáceos- el avance fue de 11 mil dólares en 2013, una cifra
relativamente modesta, a 34 millones de dólares en el año 2017. Aquí los
productos estrella son los preparados de crustáceos, moluscos y invertebrados
acuáticos, cuyos destinos son básicamente Estados Unidos y Corea del Sur.
En materia de semillas y frutas oleaginosas - capítulo 12 del
arancel - se pasó de 3.5 millones de dólares en el año 2013, a 23.4 millones de
dólares en el año 2017. Las habas de soya y las semillas de girasol, enviadas a
México, Colombia y Alemania, son los productos que más destacan en esta
agrupación.
También merece mencionarse el capítulo 08, de las frutas
comestibles, que exportó bienes por 2.2 millones de dólares en el año 2013 e
incremento esa cifra a 4.9 millones de dólares en el año 2017. Las frutas
tropicales presentes en este capítulo, tales como piñas, plátanos, aguacates,
guayabas, mangos, melones y fresas, enviadas todas fundamentalmente al
complicado mercado europeo, son las que caracterizan estas exportaciones.
Todos estos exitosos esfuerzos exportadores muestran que la
agricultura venezolana tiene en su seno núcleos importantes de empresas – que
pueden indudablemente multiplicarse - que tienen competitividad internacional y
que, en todo caso, expanden hacia sus proveedores y hacia sus compradores los
requisitos de calidad que el mercado internacional contemporáneo exige hoy en
día a los productos agropecuarios que circulan por el mismo.